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Dr. José Francisco Torrealba, un cientifico muy humanista.

Por : Edward Ron


A finales del siglo XX bajo la custodia del mandatario del Partido Liberal Amarillo, Joaquín Crespo, Venezuela se encontraba en una situación precaria, pues la Guerra Federal y las luchas por conseguir la Independencia dejaron al país en ruinas. Sífilis, tuberculosis, brucelosis, quilostomiasis, mal de Pinto, buba, lepra, micosis, gastroenteritis, fiebre amarilla selvática, peste bubónica, rabia, paludismo, mal de chagas, eran sólo algunas de las epidemias que azotaban la población para esa época.

Dr. José Francisco Torrealba, el sabio
Para el año 1896 en el Estado Guárico, específicamente, en el municipio Santa María de Ipire perteneciente al Distrito Zaraza, cerca del Río Suate a 30 kilómetros al sudoeste de la población se encontraba el hato “San Roque”, entre cuyas paredes modestas la Familia Torrealba González pasaba temporadas. Una familia de campesinos humildes sostenida por Ana María González Sánchez, mujer trabajadora y emprendedora nacida en Santa María de Ipire, y Rafael Tereso Torrealba Tovar, hombre tan apasionado a la política liberal, al punto que luchó en la guerra de Machismo y en la Libertadora, como a su tierra natal de Chaguaramas, su labor era cuidar hatos ajenos.

De ese matrimonio contraído en 1884 nacieron nueve hijos: José Rafael, Ana Teresa, José Nicolás, Ana Isabel, José Ramón, José Tereso, José Francisco, José Wiltremundo y Ana Benigna. José Francisco Torrealba González nació el 16 de junio de 1896, en el hato “San Roque”, lugar donde don Tereso mantenía un negocio pecuario en sociedad con un italiano llamado José Caballero. José Nicolás y José Ramón murieron pequeños.

La estadía entre el hato “San Roque” y Santa María de Ipire era interrumpida para visitar a los padres de Don Tereso en Chaguaramas, José Nicolás Álvarez Guevara y Lira y Benigna Torrealba, quienes tuvieron sus hijos sin casarse.

José Francisco Torrealba era un niño callado, observador, sencillo y excéntrico. En sus primeros años, aprendió a conocer la vida de los animales que le rodeaban. De allí, brotó la curiosidad por conocer a profundidad el mundo en el que vivía, de la misma manera que observó cercanamente el sufrimiento y la muerte que padecía la población por insalubridad y abandono.


Vida estudiantil

Su vida estudiantil comenzó en Santa María de Ipire en la escuela de Luis Morillo, quien junto con Saturno González, le enseñan a leer y escribir.

En 1906 Don Tereso Torrealba, por asuntos laborales, decidió mudarse al hato “El Samán” cerca de Aribí, ubicado en el estado Anzoátegui, el cual era propiedad del señor Bonifacio Gómez Núñez. La vida de José Francisco Torrealba en esa localidad fue muy parecida a la de Zaraza: cabalgar, ordeñar, cuidar rebaños de ganado vacuno y caballar, hacer queso, buscar colmenas y cigarras, etc.

Durante su estadía en las tierras de Anzoátegui presenció el nacimiento de un niño, en situación de insalubridad. Fueron esos gritos de dolor de la madre pariendo los que lo impulsaron a tomar la decisión de querer estudiar Medicina, pero este deseo parecía inalcanzable, debido a la insuficiencia de recursos económicos que tenían sus padres.

Poco tiempo después don Tereso consideró bajas tanto las utilidades que estaba recibiendo como las condiciones de “El Samán”. Por ello, la familia Torrealba se trasladó a Aribí, estado Anzoátegui, pero allí el sarampión y paludismo, los hizo reubicarse en San Diego de Cabrutica, localidad que pertenecía al Estado Guárico. Allí, culmina la primaria entre la Escuela del Bachiller Diego Antonio Ferrer y la Escuela Federal de su hermana Ana Isabel Torrealba en el año 1910. Al mismo tiempo que estudiaba en el colegio, vendía, de puerta en puerta, velas y jabones que la mamá fabricaba, recogía leña, transportaba agua de la quebrada y guardaba ganados ajenos.

Juan Salazar López de Santa María de Ipire, Ramón Aguilar de Zaraza y Diego Antonio Ferrer, un bachiller de Clarines, lo influencian profundamente, pues viéndolos a ellos sintió por primera vez la necesidad de leer que, posteriormente, se convertiría en una gran pasión. Por casualidad, cayó entre sus manos la Guía Médica de Chernowitz, cuyos temas estaban relacionados con microbios, parásitos, plantas, remedios, enfermedades, etc.

Para 1910 José Francisco Torrealba había leído 10 títulos. Entre éstos podemos nombrar: La Isla Misteriosa de Julio Verne , El Consejero de la juventud de Francisco González Guinand, La puerta del saber de Nicanor Bolet Peraza, Manual de urbanidad y buenas maneras de M. A. Carreño, entre otros.

Gracias a una beca que el Presidente del Estado Guárico, General David Gimón, otorgó a varios muchachos, el guariqueño logró cursar estudios secundarios.

Tereso Torrealba pretendía que José Francisco estudiara en Calabozo pero éste se negó y consiguió que lo regresaran a Zaraza. El Colegio “San Gabriel” fue el plantel donde cursó el bachillerato. Rápidamente, domina conocimientos para dar clases particulares de Psicología Experimental. El dinero que obtenía de estas lecciones lo destinaba, principalmente, a sus padres pero también una parte la empleaba en comprar libros.

El 21 de junio de 1912 en dicho Colegio recibió el segundo reconocimiento por su excelente rendimiento académico, pues hacía un año le habían entregado el primero. El segundo diploma fue otorgado por la junta examinadora, redactado por el médico eminente Vicente Peña y firmado por Eduardo D. Méndez, A. Camejo Farbós, A. Ron Padilla, V. Peña, Francisco Troconis, J. R. Camejo Farbós y L. Carrizales R. Torrealba destacó en su autobiografía: “Cuando lleno de orgullo, me dirigía al asiento que me habían destinado pude observar que muchos de los concurrentes tenían los ojos llenos de lágrimas. Era el primer triunfo del muchacho que cuidaba becerros en el hato ‘El Samán' ”.

Durante sus estudios de bachillerato leyó 54 textos de diversos temas. Historia Universal, Historia de Venezuela, Filosofía, Fisiología, Antropología, Geología, Geometría, Mineralogía, Zoología, Química, Geografía, Matemáticas, Religión y Gramática, fueron las disciplinas que llamaron su atención en ese período. Cuando Torrealba culminó los estudios de bachillerato en 1916 en su mente permanecía el anhelo de convertirse en Médico, pero nuevamente la situación económica amenazaba su sueño. Fue su amigo, el bachiller Salvador Itriago Chacín quien costeó sus estudios de Medicina en Caracas.

Torrealba llegó a la Capital en septiembre de 1917. La Universidad Central de Venezuela (UCV) estaba cerrada, por ello los estudios de Medicina los realiza en la Escuela de Medicina de Caracas dependiente de la UCV, ubicada en el Anfiteatro Anatómico, al este del Hospital Vargas. Allí, se desempeñó como un excelente estudiante de vocación notoria, lo que pronto le permitió realizar prácticas en el Hospital Vargas y convertirse en preparador de Química Médica, al lado del doctor Meier Flegel. Las clases teóricas las recibía en el Palacete de San Francisco, lugar donde Torrealba estudiaba y practicaba de forma perenne. En las noches, cuando no tenía prácticas se iba a la Plaza Bolívar a conversar con los paisanos residenciados en la Capital, pues la situación política que vivía el país, el General Gómez era el Presidente de la Nación, no permitía reuniones muy a menudo. A pesar de que su esmero en los estudios no le dejaba mucho tiempo para desempeñar un rol político, participaba cuando le era posible.

Tenacidad, inteligencia y sensibilidad social fueron las características que sus profesores universitarios le atribuyeron. Profesores destacados en Ciencias Médicas en Caracas, entre quienes podemos nombrar a José Gregorio Hernández, José Izquierdo, Francisco Antonio Rísquez, J. R. Rísquez (hijo), Luis Razetti, David Lobo, Leopoldo Aguerrevere, Beltrán Perdomo Hurtado, Domingo Luciani y otros.

Silvio Santiago García describe a José Francisco Torrealba como un hombre de mirada apacible, parco de voz, mesurado de gesto y pausado al caminar. Mientras que Augusto Morillo Chacón, quien lo conoció durante su etapa estudiantil en la Escuela de Medicina y con quien convivió como pensionado entre las esquinas de Fe a Remedios, cerca del Hospital Vargas y del Panteón Nacional, lo describe de regular estatura, magro de carne, barbilla negra y abandonado al vestirse; lo recuerda con liquilique y botas.

Los trabajos de Rangel fueron la guía en sus investigaciones de tripanosomas causantes de la llamada Derrengadera o Peste boba y anquilostomiasis. Por otro lado, Enrique Tejera y Guillermo Delgado Palacios fueron quienes infundieron las nociones, para ese momento ignoradas, de Higiene y Salud Pública en Torrealba.

Según Morillo Chacón, Torrealba era enemigo de cualquier vicio y ocio que disminuyera su valioso tiempo destinado, la mayoría de las veces, a sumergirse en sus libros. Además, considera que José Francisco Torrealba fue de las pocas personas que poseen en pleno las tres potencias del alma: voluntad, memoria e inteligencia.

Luis Razetti consideró a Torrealba junto con Felipe Guevara Rojas como los dos mejores estudiantes que habían pasado por la Universidad Central de Venezuela. Aunque Torrealba obtuvo calificaciones superiores a las alcanzadas por Guevara. “Cuando Torrealba se examinaba iba mejor preparado que el examinador”, llegó a decir Razetti.

Durante sus estudios universitarios devoró 68 títulos, cuyos temas más frecuentes eran Astrología, Comedia y Psicología. Los autores de algunos de ellos fueron Freud, Flammarion y Breton; José Ingenieros con El Hombre Mediocre y Víctor Hugo con Los Miserables.

El título de doctor en Ciencias Médicas lo obtuvo el 27 de enero de 1923, aunque concluyó la carrera en 1922. Parece que no redactó tesis doctoral pero el diploma lo recibió con mención especial de Summa Cum Laude .

Muchos trabajos científicos que realizó durante sus estudios universitarios fueron comunicados a la Academia de Medicina y publicados en la Gaceta Médica. Los trabajos iban encabezados por un pensamiento de cualquiera de sus maestros o un agradecimiento a alguno de ellos, incluso publicó artículos en homenaje a quienes admiraba y leía.

Cuando alcanza el Título de doctor en Ciencias Médicas había leído casi 150 textos. De los cuales, los últimos diecisiete que leyó en el último año fueron: La Leyenda del Cid de José Zorrilla y del Moral, Las Ruinas de la Palmira del Conde del Volney, La Experiencia de los Pueblos de Antoine Coste, La Diana Enamorada de Gaspar Gil Polo, Diana de Jorge Montemayor, Vidas Paralelas de Plutarco, Canto a España de Andrés Eloy Blanco, entre otros textos de Polibio e Historia.

Vida profesional

Después de graduarse, el apego a su tierra heredado de su padre, lo llevan a ejercer su profesión durante un año en Santa María de Ipire. Allí usa timol (aséptico intestinal de plantas labiadas y tomillo) en el tratamiento de pacientes parasitados y anémicos, logrando contar centenares de anquilostomos expulsados por los mismos.

En 1924, se le asignó el cargo de Médico-Director-Residente del Asilo de Enajenados de Caracas, hoy Hospital Municipal Psiquiátrico, ubicado en Manicomio. Trabajaba con la ayuda de Pedro Itriago Chacín y Luis Gregorio Chacín Itriago, Inspector de los Hospitales del Distrito Federal. Allí, se preocupó por las condiciones bajo las cuales mantenían recluidos a los enfermos mentales: hacinamiento, uso de camisas de fuerza, deficiencias sanitarias, sin botica ni laboratorio y con una alimentación inadecuada.

Torrealba, sin poseer mayores estudios psiquiátricos que el que los libros, monografías, tratados y los mismos enfermos pudieron brindarle, se convirtió en el pionero de la Reforma Psiquiátrica y de la Patología Mental en Venezuela, pues consiguió que se establecieran los diagnósticos psiquiátricos; se cuidara el uso de los estupefacientes y drogas heroicas; se mejorara la asistencia general; se evitara el maltrato físico a los pacientes; se propiciara la tolerancia y comprensión para los enfermos; se evitaran el encierro y las torturas; entre otras evoluciones que, a pesar de la época difícil y de su inexperiencia, logró alcanzar.

Desde que comenzó a dirigir el Asilo de los Enajenados, a través de artículos de prensa, entrevistas, foros y reportajes que le hacían, clamó por el acondicionamiento de los hospitales psiquiátricos y denunció el alcoholismo y la sífilis como las fallas que el venezolano ha tenido en su psique desde la época de la colonia y que a su juicio han sido las causantes de tantas enfermedades mentales. Dicha opinión se acerca mucho a la visión del doctor Francisco Herrera Luque, quien también considera el aspecto hereditario determinante en la psique del venezolano.

Torrealba siempre estuvo adelantado a su época. Hecho que se puede verificar en una declaración que hizo durante una entrevista, en ésta dijo: “Mitad de la pelea de medicina es psíquica”.

Los dones de Torrealba no se reducían a los que el Doctor Augusto Morillo Chacón le atribuía, pues, además de su templanza y serenidad de carácter, durante su desempeño laboral se destacó por tener una capacidad especial para comprender, observar y analizar a sus pacientes. Se dice que gozaba de un espíritu sensibilísimo y una intuición particular para descubrir el fondo del alma y lo que atormentaba a quien tuviese enfrente.

En los años de trabajo en el Asilo de Enajenados estudió patologías mentales como: Manía, Melancolía, Confusión Mental, Demencia Precoz, Demencias orgánicas, Psicosis de epilépticos, Psicosis de degenerados, Parálisis general progresiva; otras psicosis en los sifílicos, estados paranoicos, Idiocias, trastornos mentales por intoxicaciones, etc. Todos estos conocimientos posteriormente lo llevarían a desempeñarse como preparador de la Tesis Doctoral del profesor Ricardo Álvarez, psiquiatra de renombre. Igualmente, dichos conocimientos le permitirían tiempo después atender casos de epilepsia, neurastesis, paranoias, histerias, etc., en su consultorio rural.

En 1927 decide abandonar el cargo de Médico-Director del Asilo de Enajenados, así como también la dirección de la revista Pequeña Nota de Psiquiatría, de la cual fue fundador. Don Tereso vivía preocupado, pues pensaba que algún interno podía atacar a su hijo, en parte, dicha inquietud fue una de las razones que impulsaron a Torrealba a tomar esa decisión. Según Jorge Maldonado Pirelli, don Tereso le recuerda a Torrealba la necesidad que tienen las tierras del llano de que sus nativos que se han podido preparar, regresen a cumplir con los deberes contraídos con su lugar de origen, quizá esa es una de las razones por las cuales decide regresar a su pueblo natal. A pesar de que sus amigos tratasen de hacerle ver que le estaba coartando el éxito profesional a su hijo en la Capital.

Su labor en psiquiatría no se limitó a los tres años que dirigió el Asilo de los Enajenados, comenzando con las clases de Psicología Experimental que daba durante su bachillerato y que luego, en 1936, en Zaraza las volvería a impartir hasta los innumerables casos de enfermedades mentales y nerviosas que en su consultorio, en San Juan de los Morros, le tocaría atender.

Mientras Torrealba revolucionaba la psiquiatría con sus métodos más humanos, revisó 116 textos de autores como: Shaskespeare, Ciceron, Pascal, Horacio, Montesquieu, Rousseau, Publio, La Bruyere, Ramos Sucre, Rubén Darío, Alcalá de los Zegries, Lazo Martí, Villaespesa, Chateaubriand, Eca de Quéiroz, Menéndez y Pelayo, Tomás Moro, Bécquer, Prevost D'exiles, Anibal Dominici, Nitzche, Valera, Vargas, Vila, Level de Goda, José Antonio Páez, Tavera Acosta, Manuel Díaz Rodríguez, Rodó Goethe, Schiller, Desiderio, Erasmo, Enrique, Bergson, Alejandro de Humboldt, Lisandro Alvarado, José Pocaterra, José María Baralt, entre otros.

A partir de su renuncia al cargo de Médico-Director del Asilo de Enajenados, el doctor Pedro Itriago Chacín, quien era Ministro de Relaciones Exteriores le otorga una beca para estudiar en la Escuela de Medicina Tropical de Hamburgo, Alemania. Los estudiantes del Hospital Vargas conocían hartamente a quien dirigía dicha escuela, el Profesor Müler. Para esa época Torrealba era políglota, pues durante sus estudios en la universidad empleó el tiempo libre para aprender y practicar, sin maestro, italiano, portugués, inglés, alemán y francés. Esto sorprendió a Müller y le abrió todas las puertas de la escuela a Torrealba, pues muchos profesores quedaron igualmente sorprendidos y maravillados con el estudiante venezolano. Mientras, José Francisco Torrealba calificaba a la Escuela de Medicina Tropical de Hamburgo, como un lugar donde no se aprendía nada diferente a lo que estaba en los libros. Su curso de Medicina Tropical se vio interrumpido por problemas de salud que lo hacen regresar a Venezuela a pocos meses de haberse ido. De igual manera, en el viaje Torrealba mostró su capacidad para relacionarse y adaptarse a ambientes sociales de prominencia. En este año, Torrealba sólo registra en su biblioteca un libro leído, La Vida de Leonardo Da Vinci .

A su regreso a Venezuela por los años 1929 se interna en Santa María de Ipire a ejercer su labor como Médico Rural. De algunos intentos fallidos por ayudar a la gente, le surge la necesidad de crear un área de experimentación, así, junto con Guillermo Pérez Gil crea un laboratorio modesto. Es durante estos años cuando conoció a Rosa Tovar, zaraceña con la que decide vivir y tener hijos antes de casarse. En 1931 contraen matrimonio. Ana Isabel, Pedro Aquilino, José Witremundo, Ana Rosa, José Francisco, Ana Teresa, Sara del Pilar, Rafael Tereso, Jesús Rafael, José Ramón, José Nicolás y Ana Benigna son los doce hijos que nacen de esa unión.

En 1932 se traslada a Zaraza, localidad que permanecía en condiciones similares a las que se vivían a finales del siglo XX: escasas escuelas, insuficientes vías de comunicación, sin acueductos, sin redes de cloacas, la luz eléctrica que usaban en las noches era producida por una planta que utilizaban como combustible, población analfabeta, viviendas de paja, sin control prenatal, sin laboratorios, gente mal nutrida, sin vacunas, ni control de enfermedades venéreas. Lo único que tenían pero tampoco estaban muy abastecidas eran farmacias.

Las condiciones exigían un esfuerzo sobrehumano tanto para investigar como para ejercer la labor médica en esa localidad, ello explica porqué José Francisco Torrealba era el único médico dentro de un pueblo de cuarenta y dos mil habitantes.

Extrema ignorancia, miseria y desanimación, enfermedades tropicales, pestilencias rurales que diezman y matan, al punto de convertir una región en un campo de batalla lleno de muertos sin enfrentamiento, fue a lo que tuvo que imponerse José Francisco Torrealba con mucha perseverancia, cualidad que según Carlos Herrera a él le sobraba pero en muchos investigadores venezolanos no era conocida.

El galeno había comenzado sus indagaciones en parasitología y bacteriología en Santa María de Ipire con un viejo microscopio binocular, el cual no había podido reemplazar por no tener recursos suficientes, pues la insensatez e indiferencia de las oficinas públicas y particulares que tuvieron la posibilidad de colaborar con instrumentos necesarios, no les permitió hacerlo.

Para esa época casi todo el pueblo estaba enfermo, sólo recurrían a buscar ayuda médica cuando el aquejado estaba cercano a la muerte. Torrealba fue promotor de la salubridad en sus tierras, pues el aspecto sanitario era totalmente obviado. En esta labor lo acompañaron Luis Razetti, Pastor Oropeza, Castillo Plaza, Arnoldo Gabaldón, Enrique Tejera, Luis Gregorio Chacín, etc. José Francisco Torrealba llegó a perder el cargo de médico rural por disposición del entonces Ministro de Sanidad, cuando no aceptó la imposición “que no publicara nada en la prensa sin censura previa del Ministerio de Sanidad”. Aspecto que iba en contra de su autonomía y de su vocación de divulgador de la verdad, de los problemas de sus compatriotas y de su esencia periodística, pues entre tantas pasiones que labró y colocó al servicio de la ciencia, el periodismo era la que le permitía educar a los ignorantes y dejar al descubierto las cosas que perjudicaran la salud de la sociedad.

Un médico en esa época debía tener conocimiento de las ramas de la ciencia, pues la falta de especializaciones exigía un amplio conocimiento de la sabiduría. Pero además, para el buen ejercicio de la carrera se requería y se requiere saber adaptarse a situaciones distintas, al punto de adecuar el lenguaje, conducta, actitud, intelecto y espíritu, virtud de la que José Francisco Torrealba gozaba con naturalidad.

El Mal de Chagas

Con pocos recursos materiales comenzó su labor, probablemente, un sólo microscopio rudimentario y algunos colorantes, practicó exámenes clínicos, análisis coprológicos, autopsias, tomó muestras en animales vivos y muertos, inoculaciones en cobayos, etc. Buscaba una razón que explicara las muertes súbitas de muchos pacientes. Para ello, envió materiales a centros nacionales e internacionales de anatomopatología, para que fueran estudiados, intentaba confirmar hallazgos. Hallazgos que lo llevaron a descubrir el parásito del Mal de Chagas o Tripanosomiasis Americana en animales transmisores (gatos, cachicamos, perros, roedores, entre otros en su mayoría mamíferos) y, posteriormente, en 1934 detectó el parásito en la población guariquense.

El Dr. Carlos Chagas en 1909, en Lassanse, Estado de Minas Gerais de Brasil descubrió en el intestino del chipo, chupón, chupao o barbeiro, el parásito Tripanosoma cruzi . Agrupó los síntomas de la infección tripanosómica: fiebre, hepatomegalia, esplenomegalia, edemas, cara hinchada, pulso rápido y débil, indicador del ataque al miocardio, fases características meningoencefalíticas y estados convulsivos, caracteres de la fase aguda.

Otros estudiosos del mundo que se dedicaron a investigar el Mal de Chagas fueron: de Brasil Emmanuel, de Argentina Mazza, de Venezuela J. R. Risques y Tejera, etc. Este último fue quien detectó el Mal de Chagas en nuestro país cuando, en 1909, halló tres casos en los Estados Zulia, Trujillo y Miranda. De todas las investigaciones, hoy se sabe que a través de las heces del insecto se produce el contagio a humanos y animales, estas son depositadas luego de chupar sangre de la víctima. La picada del chipo, encontrado en ambientes carentes de higiene como las chozas y ranchos de esa época, no duele. El agente transmisor del Mal de Chagas puede vivir hasta 4 años, de los cuales puede aguantar 120 días de ayuno. En Venezuela, existen 11 especies de este insecto, 4 comprobadas en Guárico, de las cuales el Rhodnius prolixus fue el más investigado por José Francisco Torrealba.

Entre las investigaciones que llegaron a las manos de Torrealba se incluye el método xenodiagnóstico ideado por el Dr. Emile Brumpt, el cual consiste en infectar al insecto transmisor (chipo) de la sangre de un paciente enfermo. Pero fue Torrealba quien decidió arriesgarse aplicando este método a humanos, pues sólo se había aplicado en animales. De esta manera, se convirtió en el primer doctor en el mundo en aplicar el Despistaje de la Enfermedad del Chagas por el Método Xenodiagnóstico .

Además de leer e investigar sobre la enfermedad, Torrealba vio un dibujo que el Dr. Chagas había realizado del parásito. Ese dibujo le permitió identificar el Tripanosoma cruzi en la sangre de los infectados, seguidamente, contrató a varias personas para que recolectaran chipos en la localidad, a quienes remuneró con el dinero de sus consultas.

Así, crió reservorios mamíferos y contaminó en éstos el germen parásito, sospechando, experimentando, prácticamente solo con la única ayuda de Rosa, su esposa y fiel compañera. Muchos pacientes, al principio, se mostraban renuentes ante la aplicación de ese nuevo método pero el nivel de perseverancia de José Francisco Torrealba llegó al punto de remunerar a 116 pacientes para aplicarles el xenodiagnóstico. Incluso, llegó a decir que de ser necesario se infectaría él mismo para avanzar en la investigación. Luego de conseguir que los pacientes se dejaran picar por insectos sanos, esperó más tiempo del indicado por Brumpt (12 días) en sus trabajos llegando hasta 100 días para hacer las observaciones pertinentes.

A muchos enfermos que llegaban pidiéndole ayuda los dejaba en su casa en San Juan de los Morros por dos o tres días, los acostaba en hamacas, les aplicaba la medicina y dejaba ir, dándoles la medicina a quienes no tenían para comprarla. Fueron días duros y desconsoladores, pero no imposibles de superar por tan fuerte voluntad de seguir adelante sin titubear. Torrealba escribió en uno de sus textos: “Los afanes y privaciones a que nos hemos visto obligados para atender a estas sencillas pero trascendentales labores, los consideramos pálidos, comparados con la satisfacción que se siente con el cumplimiento de un deber”.

José Francisco Torrealba consideraba ideal la aplicación del xenodiagnóstico en el tratamiento de Mal de Chagas, incluso lo consideraba más apropiado que el utilizado por el descubridor de la enfermedad, Carlos Chagas, pues éste empleaba la inoculación en sangre de acures jóvenes, lo que parecía incompleto. Por ello, se dice que José Francisco Torrealba superó a sus maestros. Su primera publicación sobre Rhodnius prolixus y Tripanosomosis apareció en la decimotercera edición de la Gaceta Médica de Caracas en 1933.

Innumerables reacciones se despertaron ante la noticia de que un venezolano había aplicado el método de Brumpt con resultados muy satisfactorios, siendo más notorias, cálidas y efusivas, las realizadas por Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Brasil, Argentina, etc. En 1939, Brumpt vino a visitar a Torrealba para conversar sobre sus experiencias y le pidió que redactara unas páginas acerca del xenodiágnostico para “tener el honor de publicarlas en uno de los próximos números de Anales de Parasitología y conseguirle un premio de la Academia de Medicina de París, a la vez ser laureado de la misma Academia”. Además, lo invita al Instituto de Parasitología en París a lo que Torrealba se negó, así mismo reaccionó ante la posibilidad de colaborar y trabajar en cualquier Instituto Superior. Ante tanta receptividad Torrealba siempre se mostró igual: sencillo y con sensibilidad humana.

Después de practicar el método xenodiagnóstico a pacientes adultos en muchas ocasiones, decide aplicarlo a jóvenes. Fue una niñita de 40 días de nacida con quien experimenta, descubre, trata y estudia el primer caso de Mal de Chagas, el 14 de mayo de 1934 en Zaraza. Encuentra 20 tripanosomas por gota de sangre de la niñita, aplica el Xenodiagnóstico con diferentes animales dándole como resultado hasta 110 parásitos en la sangre del animal. Hizo con la niña un estudio completo del parásito, dividiendo su vida por fases y comprobando que en niños, adolescentes y personas adultas recién contagiadas era más fácil diagnosticar la enfermedad, pues en los adultos que llevan tiempo contagiados el parásito se aloja en los músculos y vísceras. Era un médico que no se limitaba a recetar fórmulas propias o remedios botánicos que conocía hartamente, sino que indagaba en las causas de los casos clínicos de sus pacientes.

Sospechaba que las muertes repentinas por infartos, cardiopatías y miocarditis, tenían alguna relación con el Mal de Chagas. Por esa razón, en 1935 aplica el método de xenodiagnóstico a cinco enfermos, entre quienes encuentra uno positivo; es decir, el primer caso venezolano, descrito, de forma cardíaca pura de la Enfermedad Mal de Chagas. Fue un señor de 57 años, quien también fue examinado para llegar a conclusiones como: “Hemos visto de la Enfermedad del Chagas: 1º formas muy agudas; 2º forma cardíaca pura; 3º forma cardíaca asociada al pseudomixoedema y a la anemia hepato y esplenomegálica; 4º formas pseudomixoedematosas; 5º formas nerviosas, excitaciones nerviosas con xeno positivo y 6º formas anemia hepatoesplenomegálicas”.

Desde este momento Torrealba no descansa de investigar, ni de publicar sus observaciones, pues nunca se reservó una información que considerara de interés general. Se mantenía en constante contacto con otros médicos tropicalistas del país, principalmente con el Dr. Félix Pifano.

Otros aportes a la Ciencia

Otra rama de la Medicina donde José Francisco Torrealba se destacó fue en realizar prácticas anteriormente impensables, de allí surgieron observaciones sobre la acción del fruto del paraparo ( Sapindus Saponaria ) contra los caracoles recomendando su uso en la lucha contra la Schistosomosis en el país, etc. En junio de 1936 diagnostica un caso de lepra, clínica y microscópicamente, a un zaraceño de 56 años de edad por primera vez en Zaraza. En ese mismo año, este caso fue notificado a la Academia de Medicina y apareció en el noveno número de la Gaceta Médica de Caracas.

José Francisco Torrealba asume el rol de profesor en el Colegio Federal de Zaraza, hoy liceo Bonpland, dictando las materias de Química Orgánica, Psicología y Biología en 1936 o 1943. Asimismo, durante 1936 ocupó la Presidencia del Concejo Municipal del Distrito Zaraza.

Desde 1936 en Zaraza comienza sus observaciones, estudios, investigaciones y experimentaciones con pacientes cancerosos, con la aspiración por atenuar el proceso evolutivo del cáncer y hasta de aplicar procedimientos de laboratorio para curarla. Una experiencia de la que tuvo información por medio de científicos de Argentina, Rusia y Brasil, donde se infectaba a un paciente canceroso con el parásito del Mal de Chagas, sin existir peligro de que el enfermo se contagiara del mal. En 1936 falleció su padre, don Tereso Torrealba.

Igualmente, el 13 de noviembre de 1937 realizó la primera Pubiotomía , hebostomía o pelviotomía en una zaraceña. La intervención consistió en dilatar la pelvis a un tamaño moderado, pues no había una gran preocupación. A pesar de no haber quirófano, tanto la mujer como el niño salieron vivos, completamente ilesos. Resultando un éxito rotundo que le hizo pronunciar las siguientes palabras: “Aunque no soy cirujano ni obstetra, obtuve tan buen resultado en mi audacia, que no he vacilado en publicar la observación y en recomendar a los prácticos un método que permite salvar a muchos niños y no machacarlos y auxiliar a muchas mujeres en vez de estropearlas”.

A finales de 1937 ocupó el cargo de Jefe de la Subunidad Sanitaria de Zaraza, cargo que ocupó hasta 1940. En 1939, acompañó al norteamericano George Gaylord Simpson que descubrió, en el mes de febrero, a diez kilómetros del norte de Zaraza un fósil de una tortuga de, aproximadamente, 150 ó 200 kilogramos de peso. Y en el mes de marzo del mismo año, recibió la Medalla de Oro de “Premio Vargas”, por su desempeño en el campo científico, la Junta Pro-Homenaje al doctor José María Vargas, en el aniversario 153º de su natalicio, le otorgó el reconocimiento. En 1939, Torrealba denunció la epidemia de paludismo en el Distrito Zaraza, la pide la instalación de una Unidad Sanitaria en los poblados para darles una mejor atención a los pacientes y clama por obtener agua potable para las poblaciones y acabar con los ranchos de paja.

Entre los años de 1931 y 1941 leyó 29 títulos en total. Publicaciones Médicas nacionales y del exterior, Hacia una democracia de Carlos Irazábal, Historia de un Venezolano de la Decadencia de José Rafael Pocaterra, obras de Rómulo Gallegos, Lanzas Coloradas de Arturo Uslar Pietri, libros de Historia Universal y Venezuela y lecciones de oratoria, fueron algunos de esos 29 textos.

En 1942 funda en San Juan de los Morros el Centro de Investigaciones sobre enfermedades de Chagas. Al año siguiente, asume el cargo de Médico de la Penitenciaria General en San Juan de los Morros logrando atender alrededor de 105 presidiarios y campesinos libres.
Sta. Italia Ramos, laboratorista Ana Benigna Torrealba, Dr. José Francisco Torrealba Y Ana Rosa Torrealba Tovar. San Juan de los Morros 1956


A partir de 1948 ejerce la dirección del Centro de Investigaciones sobre la enfermedad del Chagas, cargo al cual renunciaría 25 años después. Plantea la urgente necesidad de combatir el Mal de Chagas cuando, en 1949, publica y distribuye gratuitamente una Cartilla Antichagásica con los aspectos más importantes de sus investigaciones, la extensión en los diferentes Estados del país y las medidas para erradicar el mal.

Torrealba compara la incidencia de infección por Tripanosoma cruzi y Tripanososma ragenli en el Distrito Roscio (Edo Guárico) y describe el primer caso de Tripanosoma rangeli en Venezuela. Descubre dos nuevos tripanosomas: uno infectante para Triatominos, en un mono de Venezuela denominado Tripanosoma barnolai y otro en un roedor Dasyprocta de Venezuela que denominó Tripanosoma itriagoi .

Desde 1942 hasta 1952 José Francisco Torrealba contabilizó en su biblioteca personal unos 250 libros. Entre los tópicos de los libros y autores que consultó durante ese período podemos nombrar: Medicina, Historia de Venezuela, Biografías, Folklore, Literatura Venezolana, Derecho Penal, Medicina Legal, Poemas castellanos, temas jurídicos sobre homicidio, Literatura Europea y Americana, temas Indígenas, Filosofía, Psicología, Política, Literatura, Selecciones de Reader Digest, Revistas nacionales y extranjeras, Boletines, Monografías, Periódicos de la provincia y la capital, el sumario del Juicio de Carlos Delgado Chalbaud y Advertencia a Europa de Tomás Mamm en Francés.

El 12 de octubre de 1953 muere su madre doña Ana María González Sánchez. Hasta enero de este año José Francisco Torrealba registró los libros que leía. En sólo un mes revisó diez textos, entre ellos: El primer Libro Imperio en Venezuela de Pedro Grases, Sinué el Egipcio de M. Waltari, Gusto de México de Mariano Picón Salas, Anna Karenina de León Tolstoi y otros Tratados de Medicina. Un año siguiente, 1954, José Francisco Torrealba fue nombrado Profesor Honorario de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes (Mérida).

En 1956, José Francisco Torrealba se encargó de la Jefatura del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital Vargas. A causa de ello, le brindaron todas las posibilidades para construir un departamento de xenodiagnóstico que, inicialmente, dirigió Rómulo Lander Hernández y luego José Antonio O'Daly Carbonell y, además, se le asignaron varias técnicas histólogas destinadas solamente a hacer cortes de corazones. Aquí, se trabajó duro y se almacenó una gran cantidad de información que no se pudo publicar por el traslado de las clínicas del Hospital Universitario y la escuela de Medicina Vargas que estaba aún sin consolidarse.

En 1956 José Francisco Torrealba presenta un informe a la UNESCO acerca de los 25 años de investigaciones sobre el Mal de Chagas. Un año después, organiza una campaña destinada a fomentar la fumigación de los campos y ranchos con el fin de extinguir el Tripanosoma Cruzi .

Armando Díaz Lovera afirma que José Francisco Torrealba estuvo repartiendo información de investigaciones médicas en las manifestaciones estudiantiles del 21 de noviembre de 1957. Fue capaz de ir al Congreso Nacional sólo para explicarles a los senadores y diputados la importancia y trascendencia que implicaba impulsar y difundir higiene.

El 12 de septiembre de 1959 recibe del Consejo Municipal de Santa Lucía, Estado Miranda, el nombramiento como “Hijo Ilustre” de esa ciudad. Unos meses después, en octubre, le llegó una invitación a participar en el “Comité Panamericano de Biología y Patología Experimental” pero rechazó la propuesta.

Los rusos elaboraban un extracto con el Tripanosoma cruzi para atenuarles el sufrimiento a los enfermos de cáncer durante las etapas difíciles. Dicho método fue retomado por el Profesor Courbet, quien, al igual que el científico ruso Filiatov, da a conocer a Torrealba el procedimiento. Así, el método consiste en criar parásitos Tripanosomas cruzi , matarlos y luego con estos preparar vacunas acuosas para aplicar al paciente. Procedimiento que José Francisco Torrealba comenzó a reproducir en su laboratorio del Instituto de Investigaciones para el Mal de Chagas en San Juan de los Morros, en 1960. De la misma manera, utilizó extractos de Kala-Azar en contra de la leucemia. En ambos casos obtuvo resultados muy satisfactorios. Dichas experiencias fueron presentadas a la Academia de Medicina, donde fueron premiadas y publicadas en la Gaceta Médica.

Estas investigaciones sobre el cáncer y los experimentos, igualmente, fueron conocidos en el exterior, por ello, el Profesor Courbet vino a Venezuela a conocer los casos en el Instituto y, además, filmó películas para mostrárselas al alumnado francés. Ante esta situación Torrealba destaca: “La Sociedad Anticancerosa, el IVIC ( Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas) , el Instituto de Higiene, el Oncológico de Cotiza, que tienen laboratorios finos, podrían fabricar este producto en inmensas cantidades para aliviar la suerte final de los cancerosos. Es cierto que no soy profesor universitario ni tengo otros títulos, salvo el de haberme fajado a brazo partido con las dolencias de este pueblo, sufrido injustamente”.

Fue a partir de 1960 cuando el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, decide hacerle caso a los llamados de atención de Torrealba, quien en 1937 y 1940 presentó informes al Ministro de Sanidad Dr. Honorio Siglala y en 1938 al Dr. José García Álvarez, poniendo en su política sanitaria un interés particular en velar por el ambiente rural. Se dotan adecuadamente las Divisiones de Endemias Rurales, Acueductos Rurales y Vivienda Rural y se acentúa la campaña del rociado del DDT en las paredes y zonas aledañas a las viviendas campesinas.

Como escritor Torrealba fue autor de aproximadamente 150 publicaciones entre libros, folletos, capítulos de obras colectivas, prólogos, traducciones y artículos. En muchas de éstas contó con la colaboración de otros autores. Pero no sólo escribió sobre medicina, abarcó temas humanísticos, sociales, siempre desde una óptica crítica que proponía soluciones ante problemas del país. Sólo desde 1941 hasta 1962 publicó siete fascículos que contenían recopilados todos sus trabajos, observaciones, avances y conclusiones sobre el Mal de Chagas.

José Francisco Torrealba murió a la edad de 77 años, el 25 de julio de 1973 en la cuidad de Caracas a causa de un accidente cerebrovascular. Como homenaje póstumo, a su labor científica varias instituciones sanitarias y educativas llevan su nombre. Asimismo, existen tres instituciones médicas que otorgan el premio José Francisco Torrealba , las mismas son: el Colegio de Médicos del Estado Guárico, la Universidad Simón Bolívar y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT).

Finalmente, como afirman sus hijos, Ana Teresa Torrealba, Ana Benigna Torrealba y José Ramón Torrealba: “José Francisco Torrealba es ejemplo de que quien quiere puede, con estudio, honestidad y preparación permanente, sin anteponer el personal al comunitario”.


Fuente: http://vitae.ucv.ve/?module=articulo&rv=11&n=138
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Luís Felipe Aguirre Graterol y su poema "Alelíes"

Por : Edward Ron
Luis Felipe Aguirre Graterol fue un distinguido poeta y periodista zaraceño. Según nos relata Lorenzo Rubín Zamora, en su "Diccionario Biográfico Cultural Del Estado Guárico", Luis Felipe murió tempranamente, en Octubre de 1909 en su Zaraza natal, por lo que suponemos que nació en el último tercio del siglo XIX. Proviene de una familia de intelectuales, como lo solían ser la mayoría de las familias zaraceñas de la época, fundada por Don Eleuterio Aguirre y doña Santiaga Graterol. Su hermano, Luis María, fundó en 1881 "El Unare", el primer periódico de Zaraza. Aún en su lecho de muerte, la brillantez de su pluma nos pudo legar uno de los mas hermosos poemas que se hayan escrito jamás en esta tierra nuestra. 
Luis Felipe Aguirre Graterol (* Zaraza ? -  † Zaraza 1909)


 El también poeta e historiador guariqueño, Dr. José A. De Armas Chitty, le dedica unas lineas de antología en su libro "Zaraza, Biografía De Un Pueblo", las cuales describen  ese último y desgarrador momento en la vida este gran hombre de letras: 
Frente al jardín de su amplia casa, un hombre mira las selvas distantes. Zaraza es un pueblo que siempre viste de verde, un verde oscuro, profundo. Por eso, el jardín de la casa de Luís Felipe Aguirre Graterol, poeta y periodista, es un pequeño bosque asfixiado de enredaderas.


De los campos vecinos, aquella mañana de octubre de 1909, el poeta mira la gente que regresa con la cosecha. Las recuas trepan las lomas gredosas y entran al pueblo. Detrás van los hombres con el gesto pleno de esa fuerza que tienen los campesinos cuando miran los granos obtenidos con alegría. Diríase más bien que un sano orgullo envuelve sus cuerpos. Lejos, alguien conduce hacia el río sus ganados. De los lados del Golfo Triste sube la emoción del trabajo que comienza. El día prende sobre el pueblo anchos velos de niebla.


El poeta es un hombre que ha luchado ante la vida con el esfuerzo y la lealtad con que suelen luchar siempre los poetas. No tenía más arme que su honradez y con ella continuó la obra de su hermano al frente de “El Unare”. Pero en los últimos años una dolencia se lo ha ido comiendo. En los días de más sol y más aire, cuanto la vida canta, el poeta tenía que confinarse en su casa. Su vida se va apagando poco, entre la angustia de todos. Los que no pensaban, por allí andaban, robustos. Parecía que la ausencia de ideas era la mejor credencial para gozar mejor la vida. El poeta no dispone sino de aquel jardín que la mano paciente del agua moldea todas las mañanas. En su faz de hombre acostumbrado a mirar la vida con fe, aparece una palidez que anuncia que algo se rompe vida adentro.


Bajo la garra de la asfixia, Aguirre ha abierto la ventana. Hacia la pieza se vuelca la alegría de las rosas, de los lirios, de aquel mundo de aromas. Los colores alegres, para el poeta, han perdido vigencia. Su vida esta desecha, un mal podría ser símbolo de uno de esos colores que la lluvia renueva. Su vida buscaba un color que respondiese al duelo interior que llevaba. Ninguno mejor que los alelíes que crecían hasta su ventana. El poeta había buscado un color y no se daba cuenta de que a su lado, casi formando cerco a la ventana, el bosque de alelíes le ofrecía su tono morado. Con urgencia pidió papel. Viendo las flores, hundido en sí mismo, el poeta escribió sus “Alelíes":

ALELÍES
Florecillas moradas
que estáis viviendo
al beso rumoroso
del terral;
no sé porqué e finjo
cuando os contemplo,
que estáis sintiendo
todas las agonías
de mi mal.
¡Sí! Sois mis compañeras
¡Sois mis amigas!
¿Unión tan delicada durará?
Ay! mi pecho presiente
que la partida
no tarda y quiero daros
mi despedida,
y dejaros mi herencia
fatal.
Guardo en el negro cofre
de mis recuerdos
mis muertas esperanzas
de juventud:
mariposas sin alas, pálidos sueños,
ambiciones de gloria,
pobres muertos,
sin ataúd!
¡Cuantas veces al peso
de aquella carga
caí en la dura senda
del vivir¡
Y al levantar al cielo
mi faz cansada,
se alejaron los astros
de mi mirada…
Y el único consuelo:
¡seguir!
Otras veces, a puertas
del poderoso
toqué y me rechazaron
sin piedad,
el manto que tenía
sobre los hombros
era flor de miseria
que destilaba
lágrimas de prematura
orfandad!
Florecillas moradas,
que estáis viviendo
al beso rumoroso
del terral;
no sé porqué me finjo
cuando os contemplo,
que estáis sintiendo
todas las agonías
de mi mal!
Después se inclinó sobre las flores, las acerco a su pecho. Los versos resumían la trayectoria de angustia y dolor que había sido su vida. El poeta entregaba a los alelíes la agonía, el aliento último. En el dialogo evocaba sus luchas, alzaba su bandera rota, su fe mustia, denunciaba a los poderosos siempre de ojos sombríos. Aguirre dejaba en 50 versos trazado el señero perfil de su vida.
            Algunas horas después, con un ramo de alelíes en la mano, Luís Felipe Aguirre daba el paso definitivo hacia la tierra.
Todavía, junto a la ventana de su última angustia, junto a la madera negra de tiempo, dos colmenas levantan su voz entre el bosque de alelíes.
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Tras Las Huellas Dejadas

Por : Edward Ron
Una vez más nos encontramos aquí, en la tarea interminable de mantener presente en las nuevas generaciones todo el esplendor y la belleza de esta  ciudad que antes como ahora supo llenar los escenarios, las aulas, los despachos, las oficinas, los hospitales, los periódicos, los cuarteles y todos los espacios importantes de la capital y de otras ciudades de la república con el talento, la humildad y la inteligencia de sus
Iglesia San Gabriel - 1949
hijos, grandes músicos, políticos brillantes, maestros y médicos abnegados, militares, escritores y poetas excelsos, en fin, todo un universo de intelectuales y pensadores de la talla mas grande, lo que le hizo merecedora del titulo de "Atenas Del Guárico"; todo un privilegio y una responsabilidad que como zaraceños siempre estaremos obligados a honrar. 

Los motivos que me han llevado a crear y mantener este sitio de encuentro entre mis paisanos y su historia tal vez no son distintos de los que en otra época inspiraron a hombres como el Dr. Jose A. De Armas Chitty, quien con rigurosidad científica y con una prosa exquisita, como solo los poetas saben escribir, nos dejó "Zaraza, Biografía de un Pueblo". Tampoco difieren mis motivos a los de Francisco Gustavo Chacin, quien con sus "Razones de Provincia" y otros tantos escritos más nos transporta a esa Zaraza de calles empedradas, de abundantes cocoteros y arboles frutales, que crecían al rumor de los tantos manantiales que brotaban de esta "Tierra Bendita" en la que Reynaldo Armas se inspirara. Me motiva la misma añoranza por los tiempos idos y admiración que llevó a Moisés Rodríguez a contarnos sus historias "Desde una Esquina con Faroles" y tantos bellos relatos que su memoria se niega a olvidar. Mis motivos seguramente se enlazan con los de los profesores Carlos Ramón Gómez, Rafael López Castro y Pedro Castro, quienes como hombres dedicados a la enseñanza y las letras siempre tuvieron un espacio y un tiempo para dedicarle lineas al
Calle Del Comercio - 1923
pasado de su amado pueblo.  Me guía la misma emoción que llevo a Pablo Mirabal, a don Alfredo Pizoferrato y a otros tantos fotógrafos a detener el tiempo a través del lente de sus cámaras para traerle a las nuevas generaciones  un pedacito de la Zaraza de ayer, la de los techos rojos, la que despertaba todas las mañanas con el rumor del rio y el sonar de la imprenta de Maria Reyes. Esa Zaraza donde viviera el Dr. José Francisco Torrealba, el Sabio, el cual en sus "Pequeños Apuntes", por allá en 1950 nos decía: "Me ha guiado el convencimiento de que mañana, transcurrido un siglo más, cuando mi pueblo quiera volver por sus huellas dejadas en el camino del vivir recorrido, si alguien no las ha anotado, no las hallará. Este es el objeto único, éste es el humilde mérito a que aspiro... 

...He pensado que ya es tiempo de que la tierra del Unare, del Ipire, de Quebrada Honda, del Banco de la Araña, de Tamanaco; de pájaros vacos, de carraos, de tautacos, de cotúas, de babas; esta tierra de guatacaros siempre en flor, comience a hacer los apuntes de sus leyendas, de sus tradiciones y de sus reseñas. Porque el día cuando enterremos al abuelo, ¿a quien oiremos? ¿Quien podrá atar entonces los extremos del hilo perdidos en el tiempo?" 

A todos mi mas profundo respeto y admiración. Este portal esta dedicado a ellos,  a sus historias, a recopilar la obra de sus vidas y espero que los jóvenes de mi pueblo y del Guárico entero sientan al leerlas la misma emoción y fascinación que siente éste humilde servidor, cada vez que desde la distancia contemplo un libro, una fotografía o algún escrito que evoque el pasado de mi amada Zaraza.


Edward Ron
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